viernes, 23 de septiembre de 2016

Eres...

mi razón de ser, mi hoy y mi ayer. Eres la lágrima que llora por dentro del lagrimal, que no sale, que no es que no se atreva, es que no tiene ganas. Eres el director de mi ritmo cardiaco, una melodía que nadie ha compuesto aún. Eres el cosquilleo en mi columna vertebral y el crujir de mis huesos. Eres lo que quiero soñar cada noche, aquel pensamiento que mi mente censura antes de dormir porque cree, inocentemente, que así habrá más posibilidades de que suceda en mi sueño. Eres todas y cada una de las metáforas que soy capaz de crear aquí. Eres la Cueva, todo lo que sucede antes y todo lo que concluye luego. Tú. Eres esa sensación agridulce al salir del cine. Eres esas noches pidiéndole a las estrellas que te hagas realidad. Eres OneRepublic a todo volumen en mis auriculares. Eres ese fantasma con el que bailo por las noches, el copiloto de la caravana con destino improvisado. Eres mi fuego y mi alma vuelta y vuelta. Eres un rayo eléctrico y luminoso. Eres mi mirada buscándote entre la gente en un concierto. Sin conocerte, pero buscándote. Eres adrenalina, ¿sabes? Porque eres un grito en un sitio donde nadie puede oírme. Excepto tú. Eres esa colonia, ese escorzo que persigo por las vías del tren durante un rato. Hasta que me canso. Porque resultas no ser tú del todo. Eres el verso de mi canción favorita, pero como no tengo, eres el verso de todas las canciones que me gusten. Eres roce, sé que eres tú cuando contengo el aliento, cuando respiro despacito por la nariz para evitar que mi corazón explote. Eres el motivo por el que me levanto por las mañanas y por el que me acuesto por las noches. No quiero casarme, no quiero tener hijos, pero eres tú el que me quitará esas gilipolleces de la cabeza. Eres verano y sabes a sal, pero cuando quieres eres dulce. Eres miles de caras. Eres mucha gente, algunos más que otros. Eres mi segunda persona, mi tú. Eres tú, pero a veces eres un poco yo. El poquito que me completa, aunque no esté bien, aunque no sea justo eso de que necesites a alguien para ser feliz, eres la ficha que me falta en este corazón a estrenar. Eres mi adolescencia no vivida, mi mejor amigo. Eres mi videojuego favorito. Eres mi ancla emocional, mi vaivén en las olas. Eres un mar de preguntas y miles de ganas de surcar el horizonte en busca de tus respuestas, o surfear con ellas, sin miedo a los tiburones, porque eres mi seguro, mi comodín, mi tiempo muerto y mis ganas de matar el tiempo contigo. Eres mi confidente, el guardián de mis secretos. Eres la única persona capaz de destruirme por completo, pero tienes el derecho. Y no te lo mereces, porque aún no eres, pero quién sabe. Eres 23 de septiembre, cuando empiezo a escribir esto, pero quién sabe quién serás cuando lo acabe. Eres...